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Comer ¿satisfacción o complicación?

Comer es un acto diario que permite a nuestras células nutrirse. Quedarnos en la comida como un mero acto bioquímico es dejar de lado, un sinnúmero de connotaciones sociales y culturales.

En el mundo actual nos debatimos entre la pasión, la devoción, la obligación y la salud. Un acto tan sencillo que nuestros antepasados cumplían con los alimentos disponibles en su entorno, se ha transformado en una carrera de obstáculos, en una toma de decisión complicada y estresante.

Al aumentar el número de posibilidades, la toma de decisiones parece más difícil.

Vamos a simplificar, busquemos una forma sencilla de organizarnos,  a partir de ella personalizar adaptando a cada circunstancia que la realidad nos plantee.

Con un esquema básico todo es más sencillo.

El primer aspecto a tener en cuenta es  cuántas comidas vas a realizar. Utilizamos esquema clásico, 5 comidas al día que es  fácil de adaptar a cualquier cambio.

El reparto calorico lo vamos a realizar también de forma clásica, 20-25% en el desayuno, 10% para media mañana y merienda, 35% más o menos para comida, y un 20-25% de comida y cena.

 

                                                        Porcentaje de cada comida

Lo primero que observamos en este modelo de reparto, es que desayuno y cena están equiparados en cuanto a aporte calórico. Lo que no significa que haya que cenar lo mismo que desayunar, aunque si se podría desayunar lo mismo que cenas. La crononutrición  es de gran ayuda para establecer las diferencias.

Comida, aparece como un elemento importante, al que prestar atención, en cantidad y calidad. Si lo haces bien, el día está casi completado.  Es un momento importante en nuestro entorno cultural y nuestros hábitos. Ten en cuenta cuál es tu trabajo a posteriori para decidir la mejor manera.

Los dos tentempiés, suponen un aporte al  conjunto interesante, que no tienen que ser transformadas en un capricho dulce, o cualquier porquería y listo. Su necesidad y naturaleza, depende de horarios  de trabajo, posibilidad o no de hacerlas, sensación de hambre antes de las comidas principales, y horario en el que se realicen.  Pueden ser separadas o según el contexto, quizás se necesiten dos entre comidas principales si estás están muy espaciadas y llegas devorador.

Si las suprimes, su impacto se puede añadir a las comidas anteriores o posteriores. Por ejemplo la media mañana puede añadirse al desayuno si vas a comer muy tarde y no tienes posibilidades de tomar nada entre medias. O quizás sea innecesario y es mejor hacer una comida más abundante, prescindiendo de ella.

La merienda y su impacto en la cena. Si en la tarde, eres la típica persona hambrienta, que picotea continuamente, con certeza, que añadir una merienda saciante, evita comer continuamente, de tal manera que lleguemos a la cena sin estar empachados de comida basura o también tan hambrientos que no tengamos fin.

Si la cena es pronto, entre las 7.30-8 la merienda perfectamente se elimina, incrementando un poco más la cena, tampoco en exceso. Y el desayuno si es tempranero, puede aumentarse para equilibrar lo no comido en una cena adelantada.

                             Organización del reparto de alimentos en cada comida

Las circunstancias de horarios, tipos de trabajo, posibilidades de tomar algo en el mismo, organización de la logística de la casa, son las que van a dictar, como organices ese esquema básico. Siempre teniendo en cuenta, cómo te sientes, cómo te afecta, qué cambios se originan, y si todo eso se adapta a sentirte satisfecho,  con lo comido.

Por qué el hambre, la saciedad, son sensaciones subjetivas que vamos a calmar, de forma personal y adaptada a nuestras circunstancias socio-culturales.

Retén en tu cabeza, esta organización básica y sencilla. A partir de ella es muy fácil organizar  la forma en que te alimentes.

En lo referente a la repartición en cada plato de comida, podemos utilizar también un planteamiento clásico y sencillo, la distribución en el plato. Con el como referencia podemos ir componiendo cada momento del día.

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