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Leer etiquetas

Comprar alimentos se ha transformado en un empeño complicado.

El incremento paulatino de productos procesados que llenan la cesta actual, deviene en la necesidad de entender diferenciando la información  irrelevante de aquella que nos ayuda a decidir con criterio.

Los objetivos de la lectura de etiquetas son varios, uno de los más importantes, comprar lo que realmente queremos, sin llegar a casa con la desagradable sorpresa de tener gato por liebre. Si compramos un alimento con aceite de oliva, esperamos llevarnos a casa uno que sólo tenga tal aceite en su totalidad, no una mínima parte.

En un alimento procesado envasado, hemos de diferenciar, la información comercial, de la información legal.

La comercial, son todos aquellos elementos del paquete  que  nos intentan atraer en el estante del supermercado, su intención es lograr diferenciarse de la competencia, para estimular nuestro deseo de compra. Hará referencia a un atributo del producto  que nos pueda mejorar la vida, o simplemente una palabra que induzca a tener esa sensación. Quién no recuerda   las galletas Digestive, las connotaciones de salud y buen estado digestivo que sugiere dicho nombre.

Atributos: Digestive Alto oleico Harmony Frutos rojos

Compramos el producto por lo que presumimos hace por nosotros, sea real o sugerido, por las emociones que el producto nos induce.

Es claro  que esta información hemos de tratar de soslayarla, buscando en la letra pequeña, lo que realmente nos interesa.

Un apartado que nos atrae mucho es la composición nutricional, sobre todo lo referente a las calorías del producto.  Calorías, que sin conocer la composición completa del alimento, poco informan. Tener en  apariencia pocas calorías, estando lleno de azúcar es poco aconsejable.

En algunos productos  aparece  el llamado, semáforo nutricional

 

, pretende ser una forma rápida y fácil de comprender si el producto es saludable o no. Identifica cinco nutrientes, calorías, azúcar, grasa, grasa saturada, y sal, dándoles tres colores, rojo, amarillo y verde, según su contenido sea alto  medio o bajo.  El problema estriba, en que nuevamente sólo nos habla de nutrientes, no de alimentos. Por otra parte, alto, medio o bajo, se refiere a la comparación entre las ingestas medias recomendadas y la  ración. Confuso y equívoco.

En el ejemplo, el producto, pizza, es aparentemente equilibrado, no hay ningún rojo. Lógico, nos lo presenta por contenido por ración de 93 g, de

 

lo que deducimos que si es  ¼ de pizza, se trata de una de 380 gr. ¿quién se come una sola ración?

 

 

Vamos al aspecto relevante del etiquetado, cuáles son sus ingredientes.

La legislación obliga a enumerar

los ingredientes de mayor a menor concentración, lo que nos dará pistas sobre con qué se ha elaborado. No necesitamos conocerla, para darnos cuenta, que si un fiambre tiene un 52% de lomo de cerdo, el resto no es carne. Y si el siguiente ingrediente en aparecer es agua, estamos pagando  a precio de carne el agua, tampoco es un producto que nos convenga, puesto que para mantener retenida tanta agua,  va a necesitar algunos componentes, como sales para mantenerla en su sitio.

Mi consejo, lee la lista de ingredientes, para aprender poco a poco a diferenciar por comparación, y comprar así con criterio.

Dice el refrán que nadie da  duros a tres pesetas, si quieres un producto de calidad, tienes que pagar su precio.

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